Ataque cerebrovascular: es esencial reconocer los síntomas

El fallecimiento del mítico líder de Patricio Rey conmociona al país y reabre el debate sobre una patología que merece nuestra atención. Las claves para ganarle a un proceso silencioso.

La reciente noticia sobre el fallecimiento del Indio Solari a causa de un ACV hemorrágico generó conmoción en el país y nos vuelve a poner frente a una realidad ineludible: los ataques cerebrovasculares no distinguen notoriedad ni trayectorias. Las estadísticas remarcan la importancia de conocer los fundamentos del manejo adecuado de esta emergencia médica.

En primer lugar es imperativo desde el punto de vista médico aclarar que la definición correcta para estas siglas es Ataque Cerebrovascular y no «accidente», ya que estas afecciones no ocurren de manera fortuita o accidental. Las estadísticas mundiales son contundentes: el ACV es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad a nivel global. En este marco, conocer cómo prevenirlo es más que importante.

Para comprender a qué nos enfrentamos es necesario precisar que un ataque cerebrovascular puede ser isquémico o hemorrágico. Aproximadamente un 70% de los casos son isquémicos —ocurren cuando una parte del cerebro repentinamente se ve privada de sangre debido a un vaso sanguíneo estrecho u obstruido—. Cuando la sangre deja de llegar, las células cerebrales mueren por falta de oxígeno y nutrientes, deteriorando o perdiendo las funciones que controlaban.

Se estima en tanto que el 30% restante corresponde al ACV hemorrágico, caracterizado por la ruptura de pequeñas arterias que generan un sangrado dentro del tejido cerebral. En ambos escenarios, el tratamiento es multidisciplinario y, según la particularidad de cada caso, la neurocirugía puede resultar fundamental para una óptima recuperación.

El factor tiempo: el tiempo es cerebro

En la medicina neurológica manejamos una premisa estricta: el tiempo es cerebro. Ante un evento en curso, cada segundo es esencial. Se estima que por cada minuto que se retrasa la atención, el cerebro pierde alrededor de 1,9 millones de neuronas. Por este motivo, identificar de manera temprana las señales de alerta resulta crucial para actuar con rapidez y transformar radicalmente el pronóstico del paciente.

Existen tres indicios fundamentales que cualquier persona puede reconocer para detectar un posible ACV. En primer lugar prestar atención al rostro. Suele presentarse un entumecimiento repentino o asimetría; al pedirle a la persona que sonría, uno de los lados se cae.

En segundo lugar, la dificultad motriz suele ser un importante síntoma de alarma. Se manifiesta una notable debilidad o falta de coordinación para mover las extremidades, siendo un síntoma clásico la incapacidad o dificultad para levantar un brazo.

En tercer lugar, se debe prestar atención al habla, debido a que la persona afectada presenta problemas para expresarse con claridad, arrastra las palabras o demuestra una evidente dificultad para comprender y comunicarse de forma normal.

Ante la presencia de cualquiera de estos síntomas es imperativo buscar atención médica de inmediato. No hay que esperar a que los signos disminuyan o desaparezcan; la respuesta rápida y el traslado urgente a un centro de salud adecuado constituyen el primer eslabón para reducir al mínimo las secuelas severas.

El acto final de un proceso silencioso

Al descartar el concepto de «accidente», entendemos que no nos enfrentamos a un hecho casual. El ataque cerebral es, en realidad, el acto final de un proceso silencioso que se inició años antes en el organismo a raíz del deterioro vascular.

A diferencia de ciertos factores biológicos que resultan inamovibles —como el sexo o la edad, dado que el riesgo se incrementa especialmente a partir de los 55 años—, la gran mayoría de las causas que lo desencadenan están directamente vinculadas a condiciones de salud tratables y a nuestros hábitos personales.

En este marco, la hipertensión arterial se posiciona como el enemigo principal a vencer, estando presente en casi el 80% de los casos registrados en nuestro país. Detrás se ubican, en una cadena de riesgos compartidos, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y los niveles descontrolados de colesterol y glucosa.

Para ser más precisos, existen pautas claras que salvan vidas de forma silenciosa:

  • Control estricto de la presión arterial: al ser el factor de riesgo más crítico (especialmente para el ACV hemorrágico), mantenerla controlada es vital.
  • Monitoreo metabólico: controlar periódicamente los niveles de colesterol y azúcares en sangre, además de realizar un seguimiento de las enfermedades cardíacas.
  • Hábitos de vida saludables: realizar actividad física regularmente y mantener un peso ideal.
  • Evitar conductas de riesgo: beber alcohol con moderación y abandonar por completo el hábito del tabaco en cualquiera de sus formas se encuentran entre las normas de prevención más económicas y efectivas.
  • Responsabilidad médica: no automedicarse y, bajo ninguna circunstancia, abandonar la medicación antihipertensiva sin antes consultar con su médico de cabecera.

El lamentable desenlace del Indio Solari nos recuerda la vulnerabilidad de nuestro cerebro, pero también nos brinda la oportunidad de reflexionar. Si consideramos que 1 de cada 4 personas adultas podría sufrir un ACV a lo largo de su vida, la prevención deja de ser un consejo médico para convertirse en una obligación personal.

«Mente sana en cuerpo sano». La clave no es solo tratar el evento cuando ocurre, sino evitar que el proceso llegue a su acto final.

Breve biografía

Martín Olivetti es neurocirujano. Desde hace más de 20 años es médico del servicio de Neurocirugía del Hospital Escuela.

-Trabajó en el Hospital Militar Central, Buenos Aires, Argentina. En Francia en FFI (Faisant Fonction d’Interne rémunerée) del Servicio de Neurocirugía Hôpital Pontchaillou, CHRU Rennes.

-Actualmente es miembro titular de la Asociación Argentina Neurocirugía. Miembro de la Federación Mundial de Sociedades/Asociaciones de Neurocirugía. Presidente de la Asociación Correntina de Neurocirugía y Secretario de la CD Federación Argentina de Neurocirugía.