En un partidazo lleno de emociones, Japón se lo empató en el final a Países Bajos

El Mundial y otra tarde mágica: los europeos estuvieron dos veces en ventaja, pero no la pudieron sostener. Un show de goles atrapante en Dallas.

Prometía ser un partidazo. El histórico que nunca pudo coronar contra el matagigantes que tiene grandes ilusiones para este año. El que de a poco pretende ir encontrando el juego ante el que muchos ven como revelación. Y, para el gusto de aquellos que lo vieron con un café y algo dulce en esta fría tarde argentina (pero calurosa en Dallas), cumplieron: estos empates, como el que brindaron Países Bajos y Japón, llenos de emociones, son una oda a este bendito y hermoso Mundial.

Fue el encuentro en el que se juntaron el peor primer tiempo de esta Copa y un complemento que por escándalo terminó siendo el mejor. Porque estos dos equipos pasaron de jugar al ajedrez y medirse hasta por demás a prohibirles a los televidentes levantarse del sillón. De los toques horizontales y no poder abrirse (todo pasaba en bloques de 25 ó 30 metros) a empezar a encontrar espacios y exprimirlos. Tanto que los goles cayeron como un diluvio y los asiáticos encontraron una igualdad sobre el final que mantendrá el 1-2 del grupo en vilo hasta la última fecha.

Probablemente el mayor error de Koeman haya sido retrasar a Países Bajos de cara a los últimos 10 minutos, con el ingreso de Aké por Gravenberch: en un equipo que no está preparado para defenderse y que sufre sin la pelota, sacar al creativo más claro que estaba en cancha por un defensor le dio el ímpetu necesario a un Japón que dio una muestra importante de carácter. Y que tuvo valores altos en su arquero Suzuki, en sus volantes Nakamura (autor del empate) y Kamada y en el desequilibrio del ya conocido Kubo.