
En una reunión que develó las tensiones estructurales del carnaval más emblemático de la región, la Comisión de Cultura, Deporte, Recreación y Turismo del Concejo Deliberante recibió al Secretario de Turismo, Sebastián Candia, y al Secretario de Modernización, Andrés Zajarevich, para avanzar en el estudio del proyecto de ordenanza 3416 que modificaría el reglamento de los Carnavales Goyanos. Lo que se desnudó en el salón «Mabel Barrile» fue un conflicto de poder, dinero y cultura que atraviesa a la principal fiesta popular de la ciudad.
«Carnaval tiene dueño»: la batalla por el control
El eje central del encuentro fue la disputa entre el municipio y las comparsas por la organización del evento. Candia fue tajante: «El carnaval de Goya tiene dueño. Si usted lee en los comentarios debajo de la noticia cuando dijeron que nos iban a convocar, el factor común es ‘¿qué saben ellos de carnaval? ¿Por qué no nos invitan a nosotros? Nosotros somos carnaval'».
Para el funcionario, las comparsas «no entienden que el carnaval es mucho más que la suma de las partes» y reclaman el evento «según la conveniencia de su comparsa». «No les conviene entenderlo», remarcó, al describir un sistema donde «como se divide dinero, quieren dividir dinero por 2, por 3, y si mejor es todo, todo mejor. Entonces, carnaval tiene dueño, no es una expresión cultural, esto es un negocio».
La postura municipal es clara: necesitan un reglamento avalado por ordenanza para poder imponer criterios por encima de los intereses particulares. «Nosotros necesitamos un reglamento claro, un reglamento sólido y un reglamento avalado por la comunidad, no por 3 personas con interés», expresó Candia. «Las ordenanzas deben representar el bien común por encima del bien particular. Y si alguna comparsa se ve perjudicada por este ordenamiento, sí, lo lamento, que se adecúe».
Déficit millonario: el agujero financiero de la fiesta
Los números expuestos en la comisión presidida por la concejal Susana Quiroz —con la presencia de los ediles Marcos Damián González y Oscar Ferrero— son contundentes. El carnaval generó un déficit de 105 millones de pesos sobre un costo total aproximado de 250 millones. «No se venden entradas, la gente no se agolpa a comprar nada, se regala la mayoría», reconoció Candia.
El funcionario explicó que el evento «no es sustentable ni está cerca de serlo» y constituye «una decisión política» que tiene «un costo muy elevado para las arcas municipales». La recaudación por venta de espacios (lotes), concesión de nieve y boletería es insuficiente, y la municipalidad busca achicar la brecha mediante el control directo de los ingresos y egresos.
Del reparto de plata al «caché»: la reforma que cambió las reglas
Uno de los datos más reveladores de la reunión fue la descripción del sistema anterior de financiamiento de las comparsas. Hasta hace dos años, existía un reglamento de competencia donde las comparsas integraban supuestamente la comisión organizadora —aunque Candia admitió que «en la realidad no sucede eso porque cada presidente está abocado a su comparsa»— y se repartían los ingresos del evento.
En ese esquema, el total recaudado por lotes y nieve se dividía entre las comparsas competidoras (tres en ese momento, al 33% cada una), mientras que la boletería se distribuía en premios: 40% para la ganadora, 30% para la segunda, 20% para la tercera y 10% para la comisión de carnaval. Todo esto, además de los gastos que pagaba el municipio «por fuera del evento».
A partir del año pasado, ese sistema fue reemplazado por un caché fijo pagado a cada comparsa con personería jurídica y factura respaldatoria. «Se pagó de antemano, se pagó con factura y se pagó solamente a comparsas con personería jurídica», detalló Candia. La medida buscó terminar con pagos «voladores» —como el ejemplo ficticio: «antes yo le daba 10 millones de pesos a Oscar. Yo entendía que Oscar tenía una comparsa con los amigos y el estado municipal no tenía ningún tipo de respaldo. Y Óscar, yo no sé si le da la plata a usted o no le da la plata a nadie».
La negociación del caché fue ardua. Las comparsas pedían 40 millones cada una; el municipio consideró eso «imposible». Tras meses de discusión y «enojo», se llegó a un monto que ronda los 100 millones de pesos en total para las cinco o seis comparsas competidoras, dividido en partes iguales. «Parejo para todo», resumió Candia, aunque reconoció que «para cada uno es poquito, pero para el municipio mucho».
«Carrozas atadas con alambre»: la pobreza del espectáculo
El secretario de Turismo fue implacable al describir la decadencia del desfile. «Hay una comparsa que tiene más carrozas que el resto, entonces no quiere ceder en el número de carrozas. Y el resultado es pobreza, porque son todas carrozas que se hacen atadas con alambre entre gallo y medianoche para llegar a cumplir esto, pero no se ve el lujo, no se ve un espectáculo. La carroza va, claro, y está reciclada. Hace 15 años, la más nueva, hace 15 años vienen usando las mismas».
Candia sostuvo que la organización «nunca fue parte» de la elaboración del actual reglamento de competencia porque «realmente no nos interesa la competencia». Delegaron en una moderadora externa, Silvina Benítez, que compiló la información y la tradujo a documento «porque tampoco pudimos delegar que ellos armen el documento porque no lo hacían». El resultado, según el funcionario, es un reglamento que «casualmente lo construyen ellos y dejan aquí inconforme a todos».
Puertas cerradas: el «carnaval de hoy es cerrado»
La disputa trasciende lo económico. Candia denunció que el sistema actual es cerrado y excluyente: «Nuestra iniciativa fue siempre abrir. De hecho, las comparsas que se sumaron le sumaron mucho al carnaval». Sin embargo, cuando surgió la posibilidad de que nuevos grupos se formaran, «la principal oposición ganó de 2 años, y después vemos, acá no participa nadie».
El secretario relató que intentaron organizar un banderazo promocional pero «los presidentes dijeron, no, a ese banderazo no va nuestro bailarín. No, estamos en contra de la organización, no van». Y agregó un dato que evidencia la presión sobre las arcas públicas: «Cada vez son más las entradas que las comparsas solicitan como obsequio». En la última edición, pidieron «una por cada participante de la comparsa» —con cifras que alcanzan las 1.300 entradas por noche para una comparsa y 220 para otra— y «el participante entra a 5», lo que genera un sistema de «tres veces la misma entrada» cuando los mismos músicos tocan en diferentes bloques.
Tiempo de espectáculo: la propuesta que divide
Un punto que generó debate fue la duración del desfile. El reglamento anterior establecía hora y media por comparsa; el municipio redujo a una hora. Con seis comparsas, el evento termina «a las cinco, seis de la mañana». La propuesta de Zajarevich fue contundente: «Tendría que haber un tiempo de espectáculo fijo y dividirlo de acuerdo a la cantidad de comparsas eternamente. Si tenemos diez comparsas, tiene que arrancar a las diez, y de acuerdo a las cinco horas de espectáculo, dividir entre las comparsas».
Hacia una ordenanza: la apuesta legislativa
La comisión busca avanzar hacia un marco normativo sólido. Los concejales recogieron la necesidad de separar lo que es reglamento de competencia —que atañe a las comparsas— de lo que es organización del evento, que compete al municipio.
Candia advirtió que las comparsas ya están «laburando para el carnaval del año que viene» y que sería «muy importante que tengan un reglamento definido ya para el año que viene». Al mismo tiempo, propuso crear un «organismo aparte» para dirimir conflictos: «Nosotros, desde la organización, agotamos la instancia, porque llega un punto en que esto es limitado y tenemos que acudir al criterio… Es necesario mandar el tratamiento de algún tema particular a otra mesa y que se resuelva en un ámbito, por ahí, más legal».
La discusión dejó en evidencia que el proyecto 3416 no es una mera modificación administrativa: es la disputa por el alma del Carnaval de Goya, entre quienes lo entienden como patrimonio de unos pocos y quienes intentan convertirlo en política pública de la ciudad.
