
En el final del primer tiempo, el capitán Paredes asistió con un pase de tres dedos a la Bestia Merentiel para destrabar un difícil partido en la Bombonera.
La Bombonera volvió a vestirse de noche continental en el inicio de los playoffs de la Copa Sudamericana. Bajo la conducción técnica de Rodolfo Arruabarrena, Boca saltó al césped con la firme intención de imponer condiciones desde el pitazo inicial del árbitro uruguayo Andrés Matonte, recibiendo a un ordenado O’Higgins de Chile que buscaba hacer valer su planteo táctico en territorio visitante.
Durante los primeros pasajes, el Xeneize intentó adueñarse de la pelota con Leandro Paredes como eje en la distribución del mediocampo. Boca buscó abrir la cancha y volcar sus ataques por las bandas para romper la estructura dispuesta por Lucas Bovaglio, aunque en el tramo inicial la falta de profundidad le impidió traducir el dominio territorial en ocasiones claras de gol.
Por su parte, la escuadra chilena se mantuvo firme y bien replegada en su campo, apostando por el bloque defensivo sostenido por la zaga de Alan Robledo y Miguel Brizuela. Con el arquero Omar Carabalí atento a los envíos aéreos y con chispazos de contraataque comandados por Martín Sarrafiore y Bryan Rabello, O’Higgins logró neutralizar el ritmo del partido durante gran parte de la primera mitad.
Cuando el trámite parecía encaminarse a un empate sin emociones rumbo al descanso, apareció la contundencia de la delantera local. A los 43 minutos, Miguel Merentiel capitalizó una gran asistencia de Paredes para sacar un remate certero al fondo de la red. Tras breves instantes de suspenso por la revisión del VAR, la conversión fue ratificada y encendió el festejo en las tribunas.
Con ese gol de la Bestia, el Xeneize se fue al vestuario arriba en el marcador por 1-0. El gol en el epílogo del primer tiempo terminó por destrabar un desarrollo áspero y complejo, dándole a Boca la ventaja justa para encarar el complemento con mayor serenidad frente al cuadro de Rancagua.


