River logró un agónico triunfo 2-1 ante Atlético Tucumán

Andrada abrió el marcador para el Millonario, Ferreira igualó sobre el final y, cuando todo parecía terminar en empate, Almada apareció en el tiempo de descuento para darle una victoria clave al equipo de Ponzio.

Mientras River siga ofreciendo la otra mejilla benevolentemente cuando el fútbol le exige oficio, firmeza y hasta picardía, sus éxitos seguirán dependiendo de su ingenio ofensivo. Una especie de extensión/secuela de la era de Eduardo Coudet que Leo Ponzio tendrá que corregir para no seguir dilapidando épica en partidos que no lo ameritan, a la par de que sigue cosechando aquello que tanto costaba hasta hace poquito.

Porque pese a todo, River ganó. Trepó posiciones en las tablas, se acercó a las Copas, se alejó de los zarandeos más críticos del semestre. Dio la sensación de avanzar, de poder abrir bloques cerrados con juego (como en el 1-0, con participación colectiva antes de la definición de Tobías Andrada) pero también con un bonus track de rebeldía: la arremetida de Meza, el empuje hasta que llegó el gol de Almada. Un desahogo con convicción, algo completamente necesario después de los mamporros acumulados. Aunque también dejó una sensación: de que para graduarse definitivamente de equipo sólido aún tiene que superar ese déficit que viene de arrastre. Para no seguir con los cover de los trámites ante Vélez (2-2), Santa Fe (1-1), Banfield (2-3), Independiente Rivadavia (3-1), además del 2-1 en el bravísimo José Fierro.