
Son pequeños animales que portan distintas cepas del virus en cuatro regiones del país, sin presentar síntomas evidentes. Conocer cuáles son y dónde viven es la información más útil para reducir el riesgo de contagio.
Los hantavirus son un grupo de virus que viven en roedores silvestres. Son transmitidos a los humanos sin que el animal portador se enferme.
Si bien los roedores pueden transmitir esos virus con una mordedura, la vía más común es través de sus heces, orina y saliva. Esas secreciones liberan partículas virales en el aire, y así cualquier persona que las inhale queda expuesta al contagio.
Dentro del territorio de la Argentina, circulan al menos nueve cepas de hantavirus asociadas a enfermedad humana.
La bióloga Karina Hodara, quien hizo su tesis de maestría en Biometría sobre un modelo de transmisión de hantavirus en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló que ‘ya se han identificado ocho especies de roedores silvestres con capacidad de portar y transmitir hantavirus a personas en el país».
Los roedores silvestres no buscan al ser humano ni lo atacan. Son parte de los ecosistemas naturales y el contacto con ellos ocurre cuando las personas ingresan a su hábitat o cuando la expansión urbana reduce los espacios silvestres disponibles.
“Tienen una función clave en las cadenas tróficas. Son predadores de insectos, artrópodos y semillas. Tambiénn son predados por predadores terrestres y aéreos de cada zona”, acotó la experta.
En la Argentina, los primeros casos se detectaron en 1995. En diciembre pasado, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que “Argentina continúa siendo el país que reporta el mayor número de casos de hantavirus” en la Región de las Américas.
Ante la ausencia de vacuna y tratamiento específico, la prevención es el único recurso disponible para reducir el riesgo de transmisión.
La cartera de Salud nacional recomendó mantener las viviendas limpias, sellar grietas de más de 0,5 centímetros, almacenar la leña a más de 40 metros del hogar y ventilar durante 30 minutos cualquier espacio cerrado antes de ingresar.
El organismo señaló que “las partículas virales eliminadas por las excreciones de roedores infectados sufren rápida inactivación con la luz solar”, lo que refuerza la importancia de airear los espacios antes de entrar.

