
El vínculo entre Santiago Caputo y Manuel Adorni había ido en franco deterioro desde el inicio de la gestión libertaria. Mientras el ahora exvocero era la cara visible del Gobierno en las conferencias de prensa, el equipo del asesor buscaba concentrar el control de la estrategia comunicacional y definir de manera centralizada el discurso oficial. Esa superposición de funciones derivó en una disputa de poder que se profundizó a medida que Adorni ganaba influencia dentro del entorno presidencial, especialmente por el respaldo de Javier Milei y de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Según fuentes oficiales, los hermanos Milei habían transmitido a los integrantes del Gobierno la necesidad de sostener públicamente a Adorni pese a las diferencias internas. Sin embargo, la tensión nunca desapareció y terminó coincidiendo con el avance de la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que involucró al exfuncionario y desembocó en su salida de la Vocería Presidencial.
Ese fue el telón de fondo del gesto que se viralizó apenas terminada la ceremonia de asunción de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, en la Casa Rosada. Caputo y Adorni se fundieron en un prolongado abrazo, leído puertas adentro del oficialismo como una posible tregua tras la reestructuración impulsada por Milei.
El detalle que no todos advirtieron fue el destinatario del guiño final. Antes de retirarse, Caputo hizo el gesto mirando hacia adelante, donde estaba Daniel Scioli, de espaldas a la cámara. El actual secretario de Turismo, Ambiente y Deportes -con vínculo histórico con Santilli desde la época en que ambos se cruzaban entre la gobernación bonaerense y la gestión porteña- quedó en el centro de una escena que, sin una sola palabra, dejó flotando una lectura política.
La secuencia no pasó inadvertida entre funcionarios y dirigentes presentes, que la interpretaron como una señal de distensión después de meses de enfrentamientos internos. La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero y el desembarco de Santilli en la Jefatura de Gabinete reconfiguraron el equilibrio de poder dentro de la administración libertaria, y en ese contexto el abrazo -y el guiño- fueron leídos como el símbolo de una nueva etapa para el oficialismo.
De todas formas, persisten las dudas sobre si se trató de una reconciliación genuina o de un gesto pensado para exhibir unidad puertas afuera, tras semanas de fuerte turbulencia política por el caso Adorni.
