
Si hay alguien en el planeta que imaginaba este partido, hay que agarrarlo como caso de estudio y asegurarse de que no esté en condiciones de predecir el futuro. Ver a Francia e Inglaterra en un partido por el tercer puesto de un Mundial es algo que puede darse, porque se trata de potencias que suelen llegar al final dando pelea… Ahora, que se hagan 10 goles en poco más de 90 minutos no es algo esperable jamás…
La realidad es que durante el primer tiempo hubo una diferencia abrumadora de Inglaterra, que a pesar de que tuvo algunos puntos bajos, supo aprovechar el pésimo retroceso de una Francia que parecía desconcentrada, como si la derrota en semis le hubiese bajado la persiana a su Mundial. Esos espacios, con Rashford, Saka y compañía fueron demasiada ventaja. Y eso que Tuchel no puso de arranque a Bellingham y Harry Kane…
Solo tres minutos alcanzaron para que Declan Rice, el capitán este sábado en Miami, recibiera con mucha libertad y, entrando al área, definiera con tanta clase como tranquilidad para abrir el marcador. Pero claro, no quedó ahí: fue abrumador lo de Inglaterra en esa primera mitad y antes del descanso llegó el cabezazo de Konsa para el segundo, un caño magistral de Rashford y un doblete de Saka para que al descanso la pantalla mostrara un contundente 4-0.
Del otro lado, en el equipo de Deschamps hasta Mbappé, que tuvo dos en las que no pudo superar a Henderson, parecía descoordinado. Por eso el entrenador metió cuatro variantes para salir a jugar el complemento y entonces, aparte de los buenos ingresos de Dembélé, Barcola, Digne y Upamecano, el capitán francés y Olise parecieron jugadores distintos a los que habían estado en cancha durante los primeros 45 minutos.
A los tres minutos, Mbappé definió de zurda tras una buena asistencia para demostrar que su Francia no bajaba los brazos, al ratito Barcola hizo lo suyo y apareció Kylian otra vez, para anotar su décimo gol y ponerse en lo más alto de la tabla de goleadores de la Copa del Mundo, al menos hasta este domingo cuando juegue un tal Messi.
Hasta ahí, el 4-3 ya hablaba de un partidazo, pero todavía había tiempo para más porque Malo Gusto llegó tarde y Saka se hizo cargo del penal para marcar su hat-trick y llevarse la pelota de recuerdo, pero Dembélé dejó de errarle al arco para que el partido siga con tensión a pesar de ya estar jugándose el descuento, y entonces apareció Bellingham, que había entrado pocos minutos antes, para salir con pelota dominada desde su campo, sacar a pasear a Konaté y sellar el 6-4 que le dio el tercer puesto a Inglaterra con una joya.
