
En la mañana de este miércoles 3 de junio, Goya rindió homenaje al creador de la insignia patria al conmemorarse el 256° aniversario del nacimiento de Manuel Belgrano, ocurrido el 3 de junio de 1770. La ceremonia tuvo lugar en Plaza Plácido Martínez y estuvo organizada de manera conjunta por la Municipalidad de Goya y la Asociación Civil Belgraniana.
El acto fue presidido por el viceintendente municipal, contador Sebastián Mazzaro, en representación del intendente Mariano Hormaechea. Estuvo acompañado por la presidente de la Asociación Cultural Belgraniana, profesora Marisa Báez; el jefe del Batallón de Ingenieros de Monte 12, teniente coronel Sergio Ortiz; la vicepresidente 2° del Honorable Concejo Deliberante, Vivían Merlo; el director de la Unidad Penal N° 8, alcaide principal Mario Torres; Concejales, Funcionarios Municipales; la presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana, Virginia Coria; además de docentes, alumnos y vecinos.
La ceremonia dio inicio con el izamiento del Pabellón Nacional, a cargo del viceintendente Sebastián Mazzaro junto a la vicepresidente 2° del HCD Vivían Merlo y la presidente de la Asociación Belgraniana Marisa Laura Báez.
Presidieron el acto las Banderas de Ceremonia del Colegio Nacional “Juan E. Torrente”, Escuela N° 66 “General San Martín” y Colegio Secundario “Gregoria Morales”.
Seguidamente, bajo el cielo abierto de la plaza, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, interpretado por la Banda Militar “Puerto Argentino” del Batallón de Ingenieros Monte 12, bajo la dirección del maestro de banda, teniente Alberto Esteban Córdoba.
Uno de los momentos más emotivos fue el minuto de silencio realizado al pie del monumento que representa la máxima creación del General Manuel Belgrano, la réplica del Monumento a la Bandera. Allí se rindió un sentido homenaje a la memoria imperecedera del prócer.
PLANTACION DE ARBOL SARANDÍ
En el marco del reconocimiento, también se llevó adelante la plantación de un árbol como símbolo del legado ambiental de Belgrano. El ejemplar elegido fue un retoño de Sarandí, especie vinculada al lugar donde el prócer descansó a orillas del río Paraná. Este gesto buscó destacar su visión como promotor del desarrollo sostenible y su temprana preocupación por el cuidado de los recursos naturales.
PALABRAS DEL DOCTOR HUGO FLORES
El momento central estuvo dado por las palabras alusivas del vocal titular de la Comisión Directiva de la Asociación Belgraniana de Goya, doctor Hugo Flores, quien brindó un profundo y reflexivo discurso sobre la figura y vigencia del prócer:
“Hay hombres que dejan una huella en la historia. Y hay otros que, con el paso del tiempo, se convierten en un faro capaz de iluminar generaciones enteras. Manuel Belgrano pertenece a esta última categoría.
Al evocar su figura en un nuevo aniversario de su natalicio, no recordamos solamente al creador de nuestra Bandera. Recordamos a un hombre íntegro, de profundas convicciones, que puso su inteligencia, su voluntad y su propia vida al servicio de la Patria naciente.
Belgrano fue abogado, economista, periodista, diplomático y educador. Soñó una nación próspera mucho antes de que existiera como tal. Comprendió que el verdadero progreso no dependía únicamente de la riqueza material, sino de la formación de ciudadanos libres, instruidos y comprometidos con el bien común.
Pero la historia quiso exigirle aún más.
Cuando la Revolución necesitó soldados y conductores, aceptó tamaña responsabilidad, aun sin haber egresado de academias castrenses. Pero sería injusto confundir ausencia de carrera militar con preparación. Belgrano era uno de los hombres más competentes y facultados de su tiempo. Dotado de una inteligencia excepcional, una voluntad inquebrantable y una notable capacidad para aprender, decidir y conducir.
Por eso supo liderar ejércitos con una lucidez extraordinaria, transformando la adversidad en fortaleza y la incertidumbre en esperanza.
Su valentía no consistía en desconocer el peligro, sino en enfrentarlo. Su grandeza no radicó únicamente en vencer batallas, sino en sostener la moral de sus hombres cuando todo parecía perdido. Allí donde otros encontraban límites, Belgrano encontraba deberes. Allí donde otros veían obstáculos, él descubría caminos.
Sin embargo, detrás del estratega y del hombre público, habitaba un alma profundamente creyente.
Su fe en Dios y su amor filial a la Virgen María lo acompañaron durante toda su existencia. Tras la histórica victoria de Tucumán, atribuyó el triunfo a la protección de Nuestra Señora de la Merced y la proclamó Generala del Ejército. Como un hijo agradecido, depositó en sus manos el bastón de mando, convencido de que la victoria pertenecía tanto al esfuerzo de sus soldados como a la protección de la Madre celestial.
Aquella escena encierra una de las imágenes más conmovedoras de nuestra historia: un jefe victorioso que, lejos de atribuirse la gloria, inclina su corazón ante la Virgen y reconoce humildemente que ninguna grandeza humana es completa sin la ayuda de Dios.
Pero Belgrano también fue un adelantado a su tiempo.
Habló de educación cuando muchos aún no comprendían su importancia. Promovió la agricultura, la industria y el trabajo como motores del desarrollo nacional. Defendió el cuidado del medio ambiente y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales cuando esas ideas apenas comenzaban a vislumbrarse.
Y cuando la Patria quiso recompensarlo por sus servicios, volvió a dar una lección de desprendimiento.
Los premios que recibió por sus victorias no los destinó a su comodidad ni a su fortuna personal. Los entregó para la creación de escuelas y dotar de elementos a las ya existentes. Porque entendía que las armas podían conquistar la libertad, pero solamente la educación podía conservarla.
Por eso, al recordar hoy a Manuel Belgrano, no evocamos únicamente a un prócer de los libros. Evocamos a un hombre de carne y hueso que eligió servir antes que servirse; que eligió dar antes que recibir; que eligió construir antes que reclamar.
Su vida nos recuerda que el verdadero patriotismo no se expresa solamente en las palabras, sino en el trabajo silencioso, en la honestidad de los actos y en la voluntad permanente de dejar un mundo mejor para quienes vendrán después.
En este 3 de junio, al celebrar su natalicio, rendimos homenaje al creador de la Bandera, al estratega brillante, al educador visionario, al hombre de fe y al servidor ejemplar de la Nación.
Y lo hacemos con gratitud. Porque mientras flamee nuestra enseña celeste y blanca, mientras una escuela abra sus puertas, mientras un argentino crea en el valor del esfuerzo y de la educación, la luz de Manuel Belgrano seguirá viva entre nosotros”, finalizó el doctor Hugo Flores.
Tras las palabras del vocal titular, se procedió al retiro de las banderas de ceremonia, dando cierre a un acto cargado de emoción, memoria y compromiso ciudadano.





