
En un primer tiempo lleno de goles, Lautaro Martínez, Moumouni Diallo, en contra, Gianluca Prestianni, Nico Paz y Julián Álvarez marcaron para que la Albiceleste se fuera al descanso con una gran ventaja. En el segundo tiempo, convirtieron Franco Mastantuono y Giuliano Simeone.
Es arquero, Razak Guira. Y bastante bueno. Tiene 22 años y un futuro prometedor en el Vitesse que marcha octavo en la liga de Burkina Faso. Buenos reflejos, podrá contarles a sus nietos dentro de algunas décadas que visitó Buenos Aires durante 16 horas y que allí en primavera hace frío. Y que jugó en el Monumental, que lo aplaudieron en el estadio más grande de Sudamérica, que entre sus enormes atajadas le atajó un penal al mismo delantero y que fue verdugo de Inglaterra en una semifinal de Mundial.
El arquero gozará, de no mediar inconvenientes técnicos de Internet, con la suerte de que la anécdota habrá quedado grabada en YouTube para que le crean tantísimas perlitas. Cositas de un amistoso desproporcionado en términos de jerarquía. De a ratos, un meet and greet con privilegios de intercambio de camisetas entre la Argentina y un Burkina Faso que, por un boicot de los jugadores de la Mayor, cruzó el Atlántico con la Sub 23. Juveniles de dignísima tarea ante un rival que lo goleó con honestidad futbolística -y una altísima dosis de empatía.
Argentina no necesitaba demostrar que era capaz de hacerle seis, siete u ocho goles a los pibes de Burkina Faso. Pero en términos de experiencia, de conocimiento de lo que significa jugar en la Mayor, la Selección al menos rescató poco más de noventa minutos de rodaje de sus talentos técnicos. Un ensayo para continuar con los testeos que ya avanzan en Ezeiza pesando en la renovación bis que tiene como meta el 2030.
Jugadores -especialmente de las camadas emergentes- que han gozado de la posibilidad de desenvolverse sueltos, de entenderse entre sí, de saber qué piensa el otro al momento de una conducción ofensiva o de un relevo defensivo –siempre mirando fijo al termómetro del contexto al momento de las evaluaciones exhaustivas. Contra Brasil, Paraguay, Uruguay o Colombia no será igual. Y eso deberá ser tan claro y elocuente como el aplauso que todo el Monumental le dedicó a los pibes burkineses que, ya abrigados con campera fluo, se llevaron un mimo como souvenir.
En esos espacios temporales en los que Argentina aceleró, en los que jugó al 80% o 90% de sus capacidades, se observaron cosas de la nueva matriz: un juego vertical, con eje en Nico Paz como usina distribuidora de pases, de pisadas zidanescas o definiciones cuasi perfectas como en ese quinto gol que le valió su primera -aunque tenue, pero que marca indicios- ovación en la Selección. Y con latigazos en velocidad de los extremos, que asoman valiosos, tanto como los laterales, incisivos y verticales.
Con resaltador estarán en el cuaderno de Lionel Scaloni el picante de Gianluca Prestianni, quien marcó su primer gol en la Mayor, para convertir asociándose en pleno vértigo con Lautaro Martínez. El toque delicatessen de Julián Álvarez para mandar a la red una construcción colectiva y cortar su sequía en el semestre posterior al vodevil con el Atlético –y sin tener que contar, así, ese gol en contra por la carambola de Diallo con Guira. O el pase a la red de Franco Mastantuono, look rollinga, aprovechando la solidaridad del Toro antes de imprimirle un riff frenético a cada pelota que pasó por él. La voluntad de Barco, la desfachatez de Leonel Flores (¿cómo podés jugar así tres partidos en cinco días, pibe?).
Muchos más detalles tácticos, está claro, no habrá por resaltar. Burkina Faso, con hidalguía, ocupó espacios para no salir tan herido, intentó alzar la guardia y hasta atacar pisando el área con potencia, pero no ofreció una oposición a la altura de los adversarios que sí le permitirán al cuerpo técnico sacar conclusiones a la altura de los objetivos trazados: en esta fecha FIFA, quedará por delante la despedida del jugador más influyente de la historia de la Selección. Un Lionel Andrés Messi que estará en el mismo terreno de juego para ponerle ante Benín un punto final a su vida en la Mayor. Ahí sí, el Liberti será una fiesta completa, un adiós emotivo. Y quedará atrás este amistoso ante una Burkina Faso juvenil, con un arquerazo que sacó todo menos los siete que no pudo evitar. Y que podrá contarles una historia a los suyos. Que nadie podrá creer.
